La salud mental de los padres influye muy negativamente en sus hijas e hijos

La salud mental de los padres influye muy negativamente en sus hijas e hijos

  • ¿Qué te pasa papá? – le preguntaba yo en valenciano claro, que soy de pueblo.
  • Nada hija – me respondía él indefectiblemente, día tras día, en valenciano también, aunque él sí es de ciudad.
  • Pues tienes mala cara – le decía yo.
  • Es la que tengo siempre cariño.

Y en eso decía la verdad. Lo recuerdo con mala cara perpetua. Bueno eso está mal dicho, es guapo, no tiene mala cara, lo que tiene es mal gesto. No lo fuerza, ya lo sé. Pobre hombre, ¡Qué más quisiera él que ser un dechado de felicidad! Está diagnosticado con depresión mayor, medicado hace décadas. De vez en cuando está tan jodido, tan hecho polvo, tiene los circuitos cerebrales que no puede levantarse de la cama. Suerte que sea autónomo. La suya es una depresión incapacitante a la que él le ha dado la vuelta para poder sobrellevarla. El origen, si lo hubiese, lo he narrado en mi primer libro: Lo recuerdo todo, basándome en la intuición de mi abuelo. Papá asegura que no tiene nada que ver, que su mal estaba arraigado en él desde antes y es posible que mi abuelo, pobre hombre, viendo sufrir a su hijo, quisiera encontrarle una explicación, una justificación que probablemente no tenga. Me queda el consuelo  y el orgullo, que con su sempiterno mal gesto, cerca de los 60 años, sigue torciéndole el brazo a su terrible salud mental, sigue levantándose y luchando. Eso sí es luchar.

Va a trabajar cada día pese a los demonios en la cabeza que deben de ser algo tremendo. Decía la verdad, es su cara con ese gesto de siempre, pero no es su culpa, ahora lo entiendo, entonces era muy pequeña.

Las niñas y los niños creen tanto en la fortaleza de su padre, que su bienestar emocional se derrumba si ellos están mal.

Un reciente estudio de la Facultad de Medicina de Rutgers, en Nueva Jersey, Estados Unidos, ha revelado que la salud mental de los padres, cuando ésta no es buena, se entiende, puede afectar de manera negativa a las hijas e hijos durante años.

Lo habitual, lo que me pasaba a mí, y lo que ocurre en la mayoría de los hogares normativos, es que la hija o el hijo pequeño, vean en la figura del padre, un ser único, poderoso, al mejor de los hombres y capaz de todo. Es muy difícil de interpretar para una mente infantil, un padre que llora y se derrumba frente a la adversidad. Los padres suelen ser superhéroes y tienen todas las virtudes, lo cual casa difícilmente, con verlos rendidos a las circunstancias de la vida. Según este estudio que se publica en American Journal of Preventive Medicine, son las niñas y los niños de cinco a siete años, los más expuestos, porque son los que a su vez, acostumbran a ver a su progenitor masculino como un ser fuerte y estoico, aunque sensible. A lo largo de la historia, la literatura y más recientemente, la publicidad, el cine o la televisión, nos han presentado al padre, como alguien inquebrantable y que no llora, pero por supuesto, la vida real es otra.

Los hombres, con hijos también se deprimen, y su malestar emocional afecta seriamente a sus pequeñas/os.

Este nuevo trabajo lo firma la pediatra Kristine Sehmitz, quién alerta de que las niñas y niños de cero a siete años expuestos a depresión paterna, tienen muchas más probabilidades de tener dificultades en sus relaciones sociales y de comportamiento a partir de los nueve años. De forma que si alguna vez me saludas y te contesto de mala manera, ya sabes cuál es el origen del comportamiento.

La psiquiatría y la medicina, también la psicología, se han venido preocupando mayormente de la depresión materna, en especial tras el parto. Ahora sabemos que también la salud paterna influye decisivamente. Incluso hay trabajos que comienzan a hablar ya de la depresión posparto en el varón, como la investigación publicada hace cuatro años por la prestigiosa revista norteamericana: Fronteras de la Psiquiatría que ya hablaba del fenómeno, y alertaba del escaso apoyo y entendimiento social al varón deprimido tras el nacimiento del primer hijo, especialmente.

La depresión paterna, según el estudio de hace cuatro años, afecta a uno de cada 10 padres de recién nacidos, llegando al 25% cuando las o los bebés tienen entre tres y seis meses. Se puede relacionar con muchos factores, como un consumo excesivo de alcohol o una relación de pareja frágil.

¿Aún habrá quien crea que la mejor forma de reforzar una pareja es tener un hijo? Hay terraplanistas y gente que considera cuarto milenio un programa de divulgación científica, así que es posible. La respuesta correcta a la pregunta planteada es: No. Un hijo o hija no solo no lo fuerza nada sino que lo pone seriamente a prueba.

De media entre el 8 % y el 13 % de padres, sufrirá algún tipo de depresión durante los primeros años de vida de sus hijos o hijas.

Este nuevo estudio de Kristine Schmitz, no se centra como los anteriores, en el periodo directamente posterior al parto, sino que ahonda en la relación entre la salud mental de los padres y el comportamiento de sus hijos e hijas.

Este nuevo estudio, se basó en los datos de un gran informe, llamado: Estudio sobre el futuro de las familias y el bienestar infantil, que recogió información sobre nacimientos en 20 grandes ciudades norteamericanos entre 1988 y 2000, y que continúa rastreando las vidas de las y los participantes. El análisis de la información recopilada permitió descubrir al equipo investigador, que las niñas y niños, cuyos padres informaron de síntomas depresivos, se mostraban más vulnerables y eran significativamente más propensos a mostrar inquietud, irá o desafío, así como a presentar niveles más bajos de cooperación en tareas de equipo y autoestima.

Esto podría deberse los investigadores a que la depresión dificulta la crianza y reduce el apoyo emocional que se presta a la niña o niño. Además es una causa de tensión en el hogar que genera estrés y conflictos que la hija o el hijo. Sin duda percibe.

¡Pues qué mierda todo, Gloria! Me dirás, ¿no era este un lugar más cuco? Por supuesto, me falta el remate, un poco de paciencia.

Yo crecí en un hogar con un padre terriblemente depresivo, ¿me afectó? Es posible, no me han quedado en todo caso grandes secuelas. Mi padre buscó ayuda profesional y se medica, desafortunadamente su tipo de presión no se cura, es crónica. Pero es un hombre fuerte frente a la jodida adversidad. Cualquier otro habría pasado un tribunal médico y ahora sería discapacitado y viviría de una paga. Lleva 30 años medicándose heavy y casi todos los días va a trabajar. Lo he visto y lo he comprendido, lo he interiorizado.

Los autores del estudio y yo, dicen que es posible intervenir con éxito de manera temprana en familias, donde el padre sea depresivo. La mejor manera de educar es el ejemplo y no solo la adversidad se graba fuego en las mentes infantiles, la adversidad superada sirve incluso más. Te lo digo yo.

Señorita Gloria Dixit