Laxitud Moral, la más tenebrosa y redentora obra de Janu Huerta
Me ha sorprendido, fascinado y asqueado a partes iguales la sexta novela del siempre incisivo y en esta ocasión oscuro Janu Huerta, cuyas obras en conjunto están siempre teñidas de un pesimismo antropológico. Laxitud moral es sin duda su obra más tenebrosa, pero al mismo tiempo clarividente, pues indaga en la mente perturbadora de un hombre aparentemente normal y construye un poderoso relato, que principia en la tiniebla y concluye como una epopeya de la redención a través de la esperanza. El eje central que vertebra el texto, es la lucha del protagonista contra su pulsión sexual; es pederasta y este tema jamás causa indiferencia. Con lo cual, si la crítica y el lector discurren de la manera esperada, estaríamos ante el epítome de otras obras anatematizadas ayer, como es el caso de Lolita de Nabokov, que volverían a escandalizar si se publicasen de nuevo hoy.
Primero vienen las emociones y luego los argumentos. Laxitud moral te va a doler y hacer sentir asco, luego la valorarás.
Asco. El psicólogo Jonathan Haidt ha desarrollado la teoría de la emoción del asco. El asco es una reacción evolutiva muy importante que nos lleva, por lo general, a evitar ingerir heces o carne podrida. La teoría de Haidt va más allá y considera que el asco se ha especializado en ser una guía para emitir juicios morales acerca de cuestiones tajantes en las sociedades evolucionadas, como serían el canibalismo, el incesto o la pedofilia. Cuando la mayoría de la gente es preguntada acerca de estos asuntos, no suele responder argumentando de manera sesuda y prolija, antes al contrario, suele sorprenderse e incluso indignarse, porque se les pida que aporten razones que sustenten la afirmación de por qué consideran que la pedofilia está mal. Esta mayoría opina con bastante vehemencia, que tal conducta ha de ser reprobada sin más, que no es necesario argumentar los motivos de ese rechazo. Lo valoran como un concepto autojustificativo. No hace falta decir el porqué. No es necesario explicarlo. Es obvio que la pederastia es una aberración. Aún así, si se les insiste, divagan en las causas y dan rodeos, de lo cual parece inferirse que la teoría de Haidt es cierta. Primero se siente, mediante la rapidez que poseen las emociones, y luego, si fuera necesario, se argumentará. Por lo tanto, el juicio moral habrá sido hecho no con lógica y raciocinio, sino a través de una emoción. Esto mismo te ocurrirá leyendo Laxitud moral. En primera instancia, ciertos pasajes te descompondrán el estómago y te provocarán un rechazo visceral, será al final de la obra, cuando puedas valorar y apreciar, además de la indubitable belleza de la prosa empleada por Huerta, el camino redentor y de lucha del abominable protagonista.
Es imposible leer esta magnífica novela de Janu Huerta y permanecer impasible, Laxitud Moral te cambiará.
Acaso, por todo lo dicho con anterioridad, urge acercarse a una novela tan diferente a la puritana novela contemporánea, como sin duda es Laxitud Moral del escritor Janu Huerta, quien ha perpetrado la osadía de indagar en la mente de un pederasta. Huelga decir supongo, que este texto no es apto para pudibundos escandalizados. La discusión de si el arte tiene que predicar monsergas que calmen el pánico del buen gazmoño, o por el contrario, agitar las solapas del lector y obligarle a hozar en el cieno de sus pensamientos más puercos viene de atrás. “Ars gratia artis” reza el adagio latino. El arte porque sí. Quien esto suscribe, cree a pies juntillas que el arte debe escandalizar, horrorizar al mojigato. Libros como Laxitud moral de Janu Huerta, que lo cuenta todo con crudeza y petulancia pero con mano ágil, habrían de ser una lectura imperdible para esta sociedad, la española, donde políticos y periodistas compiten por ver quién alcanza mayor grado de beatitud.
Los santurrones, que a día de hoy son la práctica totalidad, difícilmente podrán digerir la inmisericorde realidad que basada en hechos reales, cuenta en dos tiempos que terminan por confluir, la historia dolorosa de un hombre normal, que muy pronto, siendo todavía un niño, descubre que padece, lo que en la novela alguien describe como: afectos desordenados. El protagonista lucha contra su sexualidad no elegida y pierde, más de una vez.
En Laxitud Moral viviremos lo que le pasa por la cabeza antes y después, así como el duro paso por la cárcel del personaje. Janu Huerta ya era un novelista incómodo antes, ni una sola de sus cinco novelas precedentes tienen un final agradable, ni tan siquiera predecible, en Laxitud Moral ya, ni siquiera intenta que haya un capítulo comodín sino que todo el libro es una sucesión de golpes en el centro de gravedad del lector que busca solaz. Oh, dilecto lector, hazme caso, sí buscas una narración almibarada, timorata y con final feliz, huye de este libro. Si en cambio buscas una novela radicalmente veraz, que te conmueva y te asquee hasta decir basta; Laxitud Moral de Janu Huerta es tu próxima lectura.




Acabo de terminar Laxitud Moral y la sensación que me deja es difícil de explicar con pocas palabras. Es un libro que no se limita a contar una historia, sino que te obliga a enfrentarte a preguntas incómodas sobre la moral, la culpa y la redención. Janu Huerta consigue que acompañes al protagonista en un viaje que, aunque oscuro y lleno de momentos que estremecen, nunca pierde de vista la posibilidad de encontrar un rayo de luz incluso en lo más tenebroso.
Lo que más me ha sorprendido es la fuerza de la prosa: es directa, intensa y no busca adornar lo que no lo necesita. A veces te incomoda, te sacude, incluso te revuelve por dentro, pero al avanzar en la lectura vas comprendiendo que esa incomodidad es necesaria, que sin ella el mensaje perdería su potencia. Y cuando cierras el libro, lo haces con la sensación de haber pasado por un viaje emocional que deja huella.
Laxitud Moral no es una lectura ligera ni de consumo rápido; es de esas obras que se leen con calma, que te invitan a reflexionar y que, una vez terminadas, continúan resonando en tu cabeza durante días. Me ha parecido una obra valiente, diferente y con una capacidad increíble para remover al lector. Para mí, es uno de esos libros que recuerdas no solo por lo que cuentan, sino por lo que te hacen sentir.
El artículo “Laxitud Moral, de Janu Huerta” me ha parecido una reseña brillante y muy bien escrita. Analiza con profundidad una novela difícil, sin miedo a abordar su lado más oscuro, y consigue que el lector se plantee cuestiones morales más allá del argumento. Me ha gustado especialmente cómo relaciona el asco y la culpa con la condición humana, y cómo sitúa esta obra dentro de la trayectoria del autor, marcada siempre por su mirada pesimista y provocadora.
Buscando más información, he visto que Laxitud Moral es la sexta novela de Huerta, autor valenciano conocido por títulos como Matriarcado o Un amor tan grande, y que aquí se adentra en una historia incómoda sobre un hombre que oculta un secreto inconfesable.
La reseña me ha influido mucho: me anima a leer la novela, pero sabiendo que no será fácil. No parece una lectura para pasar el rato, sino una experiencia intensa que remueve y hace pensar. En definitiva, el artículo logra exactamente lo que una buena crítica literaria debe: provocar curiosidad y respeto por la obra.
¡Madre mía, qué reseña tan espectacular e intensa! Se me han puesto los pelos de punta leyéndote. Llevo mucho tiempo siguiendo este blog, pero creo que esta es una de las críticas más profundas, viscerales y magnéticas que has publicado hasta la fecha. Se nota que la obra te ha tocado una fibra muy interna y nos has transmitido esa electricidad en cada línea.
No conocía Laxitud moral de Janu Huerta, pero la forma en que describes su atmósfera me ha dejado fascinada a la vez que un poco perturbada (¡en el buen sentido literario, claro!). Eso que comentas de que es su obra «más tenebrosa y redentora» ya lo dice todo. Me atrae muchísimo cómo planteas que el libro no busca juzgar, sino meter el dedo en la llaga de las contradicciones humanas, explorando esa fina línea donde la moral se vuelve elástica y las sombras de los personajes se confunden con sus luces.
Me ha parecido magistral tu análisis sobre el peso de la culpa y la búsqueda de redención en la trama. Que definas la prosa de Janu como un viaje psicológico sin concesiones, que incomoda pero que a la vez engancha de forma adictiva, me hace pensar que estamos ante una historia de las que te dejan dándole vueltas a la cabeza semanas después de haber cerrado el libro. Esos fragmentos que destacas reflejan una crudeza y una belleza poética desgarradoras.
Y, por supuesto, ese tramo final de tu artículo donde hablas del desenlace… ¡qué manera de dejarnos con la miel en los labios! Dices que el cierre es como un puñetazo en el estómago que lo redime todo, y ahora mismo me muero de la intriga por saber cómo se entrelazan los destinos de los personajes en ese clímax.
Qué maravilla cuando un libro logra sacudirnos así y qué lujo tenerte aquí para desgranarlo con tanta lucidez y sensibilidad. Sin duda, Laxitud moral va de cabeza a mis próximas lecturas prioritarias.
¡Gracias por este pedazo de artículo! Un abrazo gigante y nos leemos en la próxima entrada.
Gloria, buena reseña, voy a comprar la novela porque parece que merece la pena.