Reseña novela Los Ingratos de Pedro Simón
Reseña novela los ingratos de Pedro Simón
No conocía a Pedro Simón, me compré la novela Los Ingratos porque fue Premio Primavera de Novela en 2021, y este premio literario, a diferencia de otros, me ha procurado agradables sorpresas entre las cuales destaca Los Ingratos que en síntesis te digo que es una preciosidad Publicada originalmente por Espasa, ahora la tienes en Booket por 10’95€. Son 286 páginas conmovedoras, muy bien escritas. Sin saber cuáles fueron los otros participantes en el premio, esta novela es de premio.
Los Ingratos es una emocionante novela que viaja entre la ternura y la culpa. Difícil que no te conmueva.
La señorita Mercedes me dice que te tengo que enseñar a perder. Eso me dice, ya ves qué tontuna más gorda. […] A un chico hay que enseñarle a ganar un jornal, pero a perderlo no. A mi me habría gustado que me enseñasen a ganar, pero a qué ganar me iban a enseñar mis padres si no tenían nada. A qué ganar si ellos perdían siempre. Si se te muere el marido pierdes. Pierdes si se te muere el hijo. Si se te desbarata la cosecha, lo pierdes todo. Pierdes si el vecino le va con el cuento a los guardias. Si no vas a la escuela pierdes. Y si estás sorda, más. Mismamente.
Este trocito de novela que te pongo, es un extracto de los diarios de Emérita, la mujer sorda que cuida a David, el protagonista del libro, que relata en primera persona su infancia. Un trozo de ella, en un pueblecito rural no muy lejos de Madrid en los años 70, recién llegada la democracia. La madre del niño, la señorita Mercedes, es maestra rural, que aspira a una plaza fija en Madrid, pero que mientras eso llega, va de pueblo en pueblo, arrastrando a dos niñas mayores y a David de unos 7 o 8 años, mientras el marido va y viene de la capital, porque trabaja en una fábrica de coches. En un momento dado, el matrimonio se resiente porque él tiene una aventura con una mujer. Como la profesora no es capaz de ocuparse de los 3 niños y de su trabajo, decide contratar a Emérita, una mujer ya de cierta edad del pueblo, sin hijos y viuda, sorda y prácticamente analfabeta, para que se ocupe de las labores de la casa y en especial de David, el más pequeño de sus hijos.
Los Ingratos de Pedro Simón, nos traslada a la España rural de 1975, cuando redescubrimos la democracia.
[…] un día quitas para siempre los peluches de la cama, creces también significa quitar de en medio otras gentes que ocuparon un espacio importante en tu infancia.
Vas olvidando poco a poco sus voces, sus rostros, los juegos compartidos, los descubrimientos conjuntos, esos fogonazos que te iluminaron en medio de la oscuridad, los secretos primeros. Y da igual que a aquellas personas les jurases amistad eterna o amor de por vida siendo un niño. En la edad del instituto sólo existe el futuro. Eres todo lo que te queda por delante. Hasta que pasan años y más años y un día […]te das cuenta de que eres todo lo que te queda por delante, sí, pero también mucho de todo lo que te queda por detrás.
Otro trocito de la novela, ya hacía el final, que no te desvelaré, pero que es cuando se pone conmovedora e incluso lacrimógena la cosa. El grueso de la historia es la infancia de David y su interacción con Emérita, los cambios sociales que se viven en el pueblo, como las primeras votaciones democráticas. En mi opinión, aunque el grueso del libro está muy, muy bien, esa reflexión cruda y dolorosa sobre el abandono. En el que en mayor o menor medida todos caemos, da mucho en lo que pensar.
Me ha gustado mucho este libro de Pedro Simón. Ya me he encargado: Los Incomprendidos, que fue su siguiente novela, con anterioridad había publicado la novela: Peligro de derrumbe y dos antologías de reportajes, porque además de escritor es periodista y premiado en las dos facetas. Sin ninguna duda, recomiendo la lectura de Los Ingratos.




Gracias por compartir esta magnífica reseña en tu blog, la cual me ha resultado especialmente inspiradora. Desde el primer párrafo se percibe el cuidado con el que has leído y analizado Los ingratos, y eso se transmite con claridad y emoción. Me ha encantado cómo logras captar el tono melancólico y evocador de la novela, resaltando su dimensión nostálgica sin caer en sentimentalismos forzados. El retrato de esa España rural en transición, narrado a través de la mirada de un niño, adquiere una dimensión muy humana gracias a tu forma de describirlo.
Además, agradezco mucho que hayas contextualizado la obra dentro de la trayectoria de Pedro Simón, un autor que, aunque conocido sobre todo por su labor periodística, demuestra en esta novela una sensibilidad narrativa admirable. Otras reseñas que he consultado coinciden en destacar su capacidad para emocionar sin manipular, y creo que tú lo expresas de forma muy acertada. Me ha interesado especialmente la figura de Emérita, ese personaje que encarna una generación olvidada, y que tú recuperas con tanto respeto y admiración.
Sinceramente, tu artículo me ha influido mucho. No tenía pensado leer esta novela en el corto plazo, pero después de leerte me siento animado a hacerlo. Has conseguido despertar mi interés con argumentos bien construidos, un lenguaje claro y una mirada muy personal que da valor añadido a la reseña. Enhorabuena por tu excelente redacción, por tu sensibilidad lectora y por el espacio que ofreces a quienes buscamos buenas recomendaciones literarias.
¡Hola, Gloria! Qué alegría pasarme de nuevo por aquí y encontrarme con una reseña tan sentida.
Te reconozco que con Los Ingratos me pasó exactamente lo mismo que a ti: me dejó un nudo en la garganta durante días. Como bien dices en tu artículo, Pedro Simón tiene una sensibilidad especial para retratar esa España que ya casi no existe, pero que todos llevamos grabada en el ADN familiar.
Me ha encantado cómo has destacado la relación entre David y Emérita. Es verdad que «la Eme» es el alma de la novela; representa a toda esa generación de mujeres que cuidaron en silencio, con esa entrega absoluta y a veces ruda, pero llena de amor. Tu reflexión sobre la gratitud (o la falta de ella) me ha hecho pensar mucho: a veces vamos tan rápido que olvidamos quiénes nos sostuvieron cuando no sabíamos ni caminar.
Es una lectura que, como tú dices, duele pero reconforta a la vez. Gracias por ponerle palabras tan bonitas a este homenaje a nuestros mayores. Es de esos libros que te dan ganas de cerrar la última página y llamar corriendo a tus padres o abuelos.
¡Una reseña de diez, como siempre!