Howard Gardner padre de las inteligencias múltiples sobre la inteligencia artificial.

Howard Gardner es un nombre importante en educación. Desde 1961 desarrolla su carrera en la Universidad de Harvard, donde ocupa la cátedra John H. y Elisabeth A. Hobbs de Cognición y Educación. Nació en 1943 en Scranton, Pensilvania en el seno de una familia de refugiados judíos que habían huido de la Alemania NAzi, fundó The Good Project, dedicado a promover la excelencia ética en la educación y el trabajo. Howard Gardner, a quien estudié en la carrera como todas mis coetáneas, está considerado el psicólogo especializado en educación más influyente del mundo. En 1983, diez años antes de que yo naciese y treinta antes de que me graduase como maestra de Educación Primaria, postuló lo que hoy nos parece evidente, pero que entonces fue una premisa revolucionaria: No existe una sola inteligencia, sino muchas formas diferentes de ser inteligente.

No importa si las máquinas llegan a ser más inteligentes que los humanos, sino que protejamos lo que nos hace humanos.

Howard Gardner revolucionó el mundo de la educación con su idea de las Inteligencias Múltiples, con la irrupción de la inteligencia artificial vaticina una evolución, el surgimiento de una nueva especie: los poshumanos.  Quizá el Homo Sapiens solo sea un capítulo en la historia del planeta. Decía el experto en una entrevista concedida al magazine XL Semanal en diciembre de 2024.

Tradicionalmente se había venido midiendo la inteligencia humana con la prueba CI, el test de coeficiente intelectual, según el cual 100 puntos era una inteligencia normal, más de 120 suponía inteligencia superior y menos de 80 necesitabas alguna clase de ayuda. Este test únicamente media las competencias lingüísticas y lógico-matemáticas, Gardner identificó siete tipos de inteligencia, además de las dos ya mencionadas; la musical, la espacial, la corporal-kinestésica (agilidad), la interpersonal y la intrapersonal. Años más tarde sumó la naturalista, que sería la octava inteligencia.

Howard Gardner aportó algo muy relevante al mundo de la educación, nos cambió la mirada, nos permitió ver el potencial oculto de cada niña o niño al método tradicional, basado en la capacidad memorística. De pronto esa niña incapaz de analizar sintácticamente una oración pero entusiasta del deporte, no estaba condenada al fracaso escolar, sino que era una deportista de élite en potencia a la que había que encauzar adecuadamente. Ya no se trataba de ver qué niña o qué niño era más listo, sino en qué podía destacar.

La Teoría de las Inteligencias Múltiples fue como es natural, muy controvertida en el mundo de la psicología y no fueron pocos los psicólogos y educadores de la vieja escuela que intentaron desacreditarla, mientras miles de maestras y maestros vieron su potencial y millones de estudiantes se beneficiaron. Cuando su colega Daniel Goleman popularizó el concepto de Inteligencia Emocional, quedó claro que la inteligencia humana es algo demasiado complejo para circunscribirse a un simple número. Ahora que la inteligencia artificial comienza a ser una realidad cotidiana, Gardner se plantea ampliar su teoría para incluir una novena inteligencia, la de los seres humanos capaces de entenderse con las máquinas.

El ser humano no es la culminación gloriosa de la evolución.

Suena radical, pero esta afirmación de Gardner tiene todo el sentido. Desde la ciencia y la medicina podemos alterar el genoma, mejorando o eliminando rasgos, creando otros nuevos. Desde la tecnología podremos previsiblemente crear entidades que nos van a superar con creces. Esto dice, no significa que nos vayamos a extinguir, sino que vamos a cambiar. Puede ser que el Homo Sapiens solo sea un capítulo (y breve) de la historia del planeta, y que en la transición a ese futuro poshumano, se produzca una integración de la tecnología en nuestros cuerpos y mentes que evidentemente, nos convertiría en otra cosa. Como especie dice el viejo profesor, ya de 82 años, somos capaces de lo mejor y de lo peor. Los planes de estudio deberían dedicarle mucho más tiempo a las humanidades, esto nos ayudaría a que lo que tenga que venir, lo construyamos sobre lo mejor que somos y hemos hecho, no sobre nuestras peores tendencias.

La mente necesita ir al gimnasio. Tenemos que desarrollar los músculos creativos y el espíritu crítico, en especial en las niñas y los niños.

Hoy día la información abunda, pero también cada día más los bulos y la desinformación que tienen arteros objetivos. La IA es cada vez más potente, pero puesto que se alimenta de lo que las y los humanos le proporcionamos, muchas veces ofrece información sesgada o falsa. La tecnología no puede sustituir a la experiencia humana. Hay que ayudarlos (a niñas y niños) a desarrollar sus músculos creativos, su espíritu crítico. Si eso significa limitar el acceso a los teléfonos en edades tempranas, estoy a favor de hacerlo, asegura Gardner. Pero los adultos a su alrededor deben hacer lo mismo. Los niños nunca escuchan lo que dices, pero siempre miran lo que haces… Y lo que no haces.

El profesor de Harvard resalta que los niños y jóvenes actuales, muchas veces se dejan mentorizar por influencers que de alguna manera, es la IA con sus indescifrables algoritmos quien les echa a la cara. Un mentor es alguien que ejerce una influencia que se dilata en el tiempo y que es personal. No es algo que se pueda repartir entre miles o millones de seguidores en redes sociales.

La inteligencia artificial puede ser entrenada para fingir conciencia, pero para los seres humanos, ser conscientes constituye la más impresionante y esquiva de nuestras capacidades. Hemos necesitado unos 10.000 años como especie, para alcanzar el tipo de conciencia y autoconciencia que hoy tenemos.

Cuando Gardner cumplió 80 años, le dio a cada uno de sus cinco nietos un testamento ético, en el que entre otras cosas les decía que quería que dominasen las nuevas tecnologías, sin olvidar la fragilidad de la especie humana. A Gardner le preocupa y a mi también, el ascenso de los fascismos y los totalitarismos enmascarados en la voluntad del pueblo expresada democráticamente. Si no nos enfrentamos al cambio climático, si no controlamos las armas, si no resistimos la violencia y la guerra, ya no habrá un planeta, y todas nuestras discusiones sobre educación e inteligencia serán irrelevantes.

Como maestra, me parece muy interesante transmitir las reflexiones de gente verdaderamente relevante y que tiene cosas valiosas que aportar a la humanidad. Estoy hastiada de escuchar reproducidos los desvaríos neofascistas de Trump, mientras dejamos en un segundo plano desafíos importantes o dejamos de escuchar a gente formada y sabia como Howard Gardner.

Señorita Gloria Dixit